cLAUDIA ENCINAS CALLES

Claudia Encinas. Pantomima. Colección M.

En el trabajo artístico de Claudia Encinas se conjugan la labor creativa, la obra en sí misma y la experiencia estética del espectador. Cabe destacar que, la expresión de emociones juega un papel determinante en sus composiciones. Asimismo, para la autora la manifestación de las figuras sobre la tela o sobre el algodón implican un desarrollo insoslayablemente psicológico, en especial, expresionista, que se caracteriza, por un lado, por la distorsión de la realidad y la acentuación de lo subjetivo, y por otro, por la exploración de los sentimientos y conflictos íntimos de cada ser. En definitiva, la pintora nos desnuda a profundidad su psique, y en algunas ocasiones exagera ciertos aspectos o atributos de su persona. 

Claudia examina conceptos como miedo, desesperación, dolor, limitación, abandono, maldad, angustia, privación, entre otros, con suma gestualidad e histrionismo. Como resultado de ello, podemos apreciar en sus cuadros a personajes colmados de incertidumbre, sometidos a procesos de evolución y regresión inmanentes, así como a entes representando una urgencia de vociferar sus dudas y temores con la mirada. Con una fuerte y dramática intensidad, la creadora libera, sin represión alguna, el torrente emotivo y sentimental de su alma; es decir, las pasiones que reflejan la infinitud de la sensibilidad espiritual en contraparte con las limitantes del cuerpo humano. 

Respecto del terreno visual, Claudia experimenta con el color y se centra en los trazos gruesos que se proyectan desde lo más recóndito de su personalidad. Ojos y boca desempeñan un rol fundamental en sus lienzos. Estos aluden a la necesidad de comunicarse y mirarse tanto desde dentro como desde fuera. De tal forma, nos narran la tragedia (y la alegría) por lo visto, análogamente a la imaginación (y el tormento) por lo no percibido. A la vez, nos cuentan de la satisfacción por lo hablado y el pesar por lo no dicho. Es así que, todo tipo de vistazos, ausencias, palabras y silencios conforman su universo pictórico, en el cual los ojos ven, pero a veces ocultan lo mirado y en otras ocasiones los labios se callan sus palabras o hablan más de la cuenta. 

Claudia plasma aquello que es difícil de desentrañar, lo que es abominablemente emocional, muy personal e indecible. Los rostros que pinta están cargados de inquietudes existenciales que a nosotros como observadores nos toca desenmarañar y comprender. Su discurso plástico es secuencial y nos lleva de la mano por historias de sufrimiento, dolor, desesperanza y nostalgia, pero también de cercanía, motivaciones, ilusiones y coraje. El realce de los sentidos de la cara, tales como la boca y los ojos nos transmite, por un lado, una enorme sensualidad apta para verbalizar y comunicar lo mundano, y por otro, la emergencia por externar lo inmaterial.

 

Adriana Cantoral